Los mayores navegan por el Lot

 

 

Cahors es una ciudad para conocer paseando, tranquilo y sin prisas. Podemos recorrer la ribera del Lot, todo un ejercicio de romanticismo y relax, y llegar hasta el Pont Valentrè . Hay muchas zonas verdes y bancos por el camino, donde descansar. Y terrazas, desde donde podemos ver los bancos navegando.

También es imprescindible el casco histórico , especialmente la zona entre el Boulebard Gambretta y Quai Champollion, y podemos visitar los jardines públicos y privados, dentro de las manzanas, el lugar ideal para descansar y reponer fuerzas y culminar la visita a la catedral , construida originalmente entre los siglos XI y XII, de estilo ecléctico, con dos cúpulas bizantinas, y rematar la visita al claustro gótico, desde

 

 

 

donde tenemos una magnífica vista de la catedral. Si es miércoles o sábado, podemos pasear y comprar en el mercado, a los pies del templo.

A Saint Cirq Lapopie subiremos caminando desde el río, por la ruta de los peregrinos que van a Santiago de Compostela (también se puede subir en coche, pero tiene menos encanto). El paisaje es espectacular, sin cables ni postes de teléfono, sin hormigón. Las mejores fotos las tenemos desde la cuesta y desde el mirador del castillo. No nos podemos perder la Maison de Fourdonne , museo que explica la historia de Sant Cirq Lapopie en un recorrido cronológico; y el Museo Rignault , mecenas del arte que en 1.922 compró una vivienda seducido por la zona, y que hoy está convertida en casa museo.

Si es verano, podemos visitar las exposiciones temporales de arte contemporáneo en Le Château , cerca del castillo de Saint Cirq Lapopie. Podemos acabar paseando por el centro, por las calles de los artesanos: peleteros en la Rue la Pélissaria, los caldereros en la Rue Peyrolerie y sobre todo los torneros de madera o los “roubinetaïres” en cuyos talleres fabricaban escudillas, cubiletes y grifos para los toneles.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto y Fotos: ALBERTO PERAL

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