Navaluenga, pequeños lujos

 

 

En Navaluenga se pueden ver y hacer muchas cosas. Muchísimas.

Si a uno le gusta la naturaleza, el senderismo, los paseos o incluso montar a caballo, puede alquilar un paseo en el mismo Hotelito y salir a montar por la Sierra del Valle, que es una prolongación de la de Gredos. Allí además, nacen las gargantas del Rollar, Gargantilla, Chivetiles, Raios, Maguillo y la Cabrera. No sólo es montaña, verde y camino, también hay ríos de aguas cristalinas donde en verano apetece bañarse, el embalse de Burguillo, o pantano, según quien lo nombra. Prados, huertas, robles, fresnos, nogales y castaños. Un paraíso para los amantes de la Naturaleza. No en vano, 1.400 hectáreas de la Reserva Natural de Iruelas forman parte de Navaluenga.

 

 

 

 

 

 

En la vertiente cultural también hay una buena oferta. Empezando por la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Villares, que primitivamente fue construida en los siglos XIII y XIV, pero que ha sido ampliada en numerosas ocasiones. Lo más interesante es su pila bautismal. Por supuesto, el puente románico. Del siglo XVI, románico sí, pero con trazas renacentistas y principal paso para ir de un lado del pueblo al otro. También está la Cruz del Cerrillo de San Marcos, con escritura de estilo gótico, es la única inscripción que procede del Cerrillo. La necrópolis medieval, hoy yacimiento arqueológico de Fuenteávila y que data de los siglos IX al XII. 15 sepulcros, excavados enlanchares graníticos distribuidos en 7 conjuntos muy cercanos unos de otros.

Otro lugar interesante es el Potro de Herrar, una construcción tradicional de las zonas ganaderas y que era donde se herraba a las vacas y caballos. Lo forman 4 sillares de piedra unidos por vigas de madera y un yugo frontal. En el suelo están los apoyos para herrar. Es muy interesante, sobre todo para los niños. Finalmente la Ermita de la Merced, en el Camino Viejo de Burghondo, y la Ermita de San Isidro, que está junto al puente románico, construida por los agricultores de la zona en los años 40, sobre la antigua ermita de la Purísima Concepción.

Esto por no mencionar la oferta de ocio. En El Hotelito se organizan diferentes talleres temáticos, se ofrecen excursiones por la zona, a pie, a caballo, en bicicleta o rutas organizadas ad hoc en vehículos o quads, desde rutas enológicas hasta rutas históricas o de leyenda por Ávila, Segovia, El Escorial o cualquier otro punto que sea de interés. El golf, el windsurf, la vela, el piragüismo o el paintball, tiro con arco y deportes de riesgo son posibles gracias a las instalaciones municipales y al propio embalse del Burguillo.

Para lo único que no hay tiempo es para aburrirse. Eso sí, para aquellos que no tiene ganas de actividad, Navaluenga ofrece tranquilidad, silencio y tiempo muerto para pasar mirando las estrellas. Cada uno lo que prefiera.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto: PALOMA GIL

Fotos: ALBERTO PERAL

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