Navaluenga, pequeños lujos

 

 

El Puente romano

En Navaluenga, a la misma entrada del pueblo hay un puente romano muy famoso en la región. Parece que data del siglo XVI para facilitar el paso del pagando entra las dos orillas del río Alberche. Imita formas románicas pero su estilo tiene trazas renacentistas, rememorando la vieja escuela romana.

Lo cierto es que fue construido gracias a las aportaciones realizadas por los pueblos que formaban entonces parte del Consejo de Burgohondo, sin embargo en la zona circula una leyenda que cuenta como la construcción del puente fue obra nada más y nada menos, que del

 

 

 

 

 

 

 

 

 

mismísimo diablo.

Al parecer, una noche, ya de madrugada, un hombre trababa de cruzar el río con su carreta. Entre un sinfín de dificultades y agobiado a más no poder, invocó al diablo, ante el temor de perder la carga y la propia carreta en el intento. El diablo apareció inmediatamente e hicieron el consabido trato: puente a cambio de alma inmortal.

Pero el trato incluía una cláusula según la cual el diablo debía de terminar el puente antes de que cantase el gallo, es decir, antes del amanecer. Y si bien el maligno se apresuró a construir a una velocidad de vértigo. Con piedras perfectamente encajadas y sillares de la mejor calidad.

El hombre, viendo que era evidente que el diablo iba a ganar la apuesta y que se vería obligado a cumplir su parte del trato, ideó una estratagema y corrió a su carreta donde tenía una jaula llena de gallos. Los sacó y comenzó a golpearlos y zarandearlos, hasta que uno de ellos, asustado, comenzó a cacarear y cantar a voz en grito mientras corría descosido para huir de su atacante.

Cuando el diablo se disponía a colocar la última piedra, escuchó al asustado animal cantar y cantar. El hombre recogió sus bártulos y cargo de nuevo la carreta con los gallos y el resto de sus aperos. Subió a la misma y cruzó el puente con irónica tranquilidad. Desde lo alto se despidió de su adversario con la mano y se alejó del lugar.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto: PALOMA GIL

Fotos: ALBERTO PERAL

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