Vancouver, seduce a los peques

 

 

Un primer acercamiento a la ciudad desde las alturas del Vancouver Lookout dejará pasmados a los niños que habiendo ascendido en un rápido ascensor disfrutarán de un punto de observación al Pacífico, las islas de British Columbia, y las Rocosas con la ciudad a sus pies. En las cercanías del Harbour Centre , se encuentra el Canada Place donde poder experimentar en 3D de la saga de Crepúsculo, Toy Story 3 o algún documental sobre viajes espaciales, en las instalaciones del IMAX.

Si las motivaciones son más artísticas, los niños encontrarán un mundo de creatividad pensado para ellos en la Vancouver Art Gallery. Aquí, el tercer domingo de cada mes se organizan multitud de actividades: manualidades, shows o talleres de artesanías y pintura.

 

 

El vecindario de Gastown fascina a los niños por su famoso “ Reloj que echa humo ”. Un viejo reloj a vapor, que cada quince minutos emite los cuartos de Westminster, desprendiendo el vapor que sale del Vancouver subterráneo. Al ser en sus inicios Vancouver la principal estación de tren del oeste, en The Roundhouse podrán subirse a la primera locomotora que arribó a la ciudad en 1887, y sentirse verdaderos maquinistas de la época.

A la pequeña isla de Granville , se puede llegar por agua a bordo de los simpáticos aquabus , unos taxis que por extraños fascinarán a los niños. Este mercado público bien merece una calmada visita, no solamente por sus puestos de comida sana, orgánica y natural, -entre los que destacan el jarabe de arce, las nueces de nogal y la miel de la región- que enloquece a los locales; sino por la permanente fiesta de sus callejuelas que al compás de las actuaciones de músicos, malabaristas, payasos, titiriteros o estatuas humanas, cautiva a los niños. El paseo discurre entre tiendas de souvenirs, talleres de artistas y artesanos o tiendas de chuches, golosinas y peluches.

Las 440 hectáreas de Stanley Park , -el pulmón de la ciudad-, exponen fielmente un estilo de vida marcado por el deporte, el culto al medio ambiente, la naturaleza y la vida al aire libre de una capital que viera nacer en 1971 la organización ecológica más importante del mundo: Greenpeace . De visita obligada para los niños son el Vancouver Aquarium , con su show de delfines y el Children´s Farmyard o granja infantil en donde ponnies , vacas, o gallinas son los compañeros de aventura de los niños. Un divertido y pequeño tren sirve de medio de transporte dentro del parque para comodidad y diversión de los “enanos”.

En los alrededores de la ciudad y, de obligada agenda infantil, se pueden realizar tres excursiones que sin duda extasiarán a los niños. El Puente Colgante de Capilano , el colgante peatonal más largo del mundo con 137 metros data del siglo XIX. Aunque reformado varias veces, sus 70 metros de altura entre coníferas y pinos, quitan el aliento. Otros puentes entre los árboles a modo de juego enriquecen este refugio de aventuras para los niños y los adultos. Los tótems indígenas al igual que en el Stanley Park , están aquí presentes como animales que ejercen de guardianes de ancestrales espíritus de los indios Ojibwa. La Montaña Grouse con 1.250 metros, bien merece un ascenso en teleférico. Destacan las vistas de la ciudad y sus pistas de esquí en invierno. Arriba existe un orfanato para osos heridos o enfermos, en donde los niños vivirán de primera mano los cuidados ofrecidos a estos plantígrados tan abundantes en Canadá.

Por último, no puede faltar una excursión a la isla de Vancouver y su capital Victoria, que haciendo honor a su nombre remonta a todos a la más pura era victoriana. El trayecto en ferry dura una hora y media. En el recorrido no faltan las ballenas, delfines y otros cetáceos que saltan y chapucean junto a la embarcación. Un safari marino de espectacular belleza. Si lo que se quiere es rematar el nivel de sensaciones de los niños, regresar a Vancouver en hidroavión será la guinda en el pastel de este periplo que termina acuatizando en el impresionante puerto.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto y fotos: HERNANDO REYES ISAZA

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