Un viaje para todos. Israel

 

 

En Israel hay un mundo entero por descubrir y cientos de cosas que visitar y ver. La visita suele comenzar en Tel Aviv, ya que es lo más cercano al aeropuerto. Allí hay que pasear junto al mar, hasta la vieja ciudad de Jaffa, mencionada en la Biblia en el episodio de Jonás y la Ballena. Durante el día la avenida Roschild inaugura la Ciudad Blanca y una hilera de edificios modernistas y Bauhaus de lo más interesante.

Subiendo por la costa tenemos las ruinas de la ciudad de Cesarea, un palacio y un hipódromo junto al mar. Después Haifa, con sus inefables jardines de la secta Bahai. Una especie de religión alternativa que con las aportaciones de sus fieles ha construido los jardines más hermosos del país. Y un poco más allá, San Juan de Acre. Una ciudad cruzada, con

 

 

 

fortaleza incluida. Allí se rodó la película Éxodo de Paul Newman.

Hacia el interior, la pequeña ciudad de Nazaret, donde se presume que nació Jesús y donde se encuentran la iglesia donde nació la virgen, la de donde vivía, la de donde vivía José, la iglesia de la fuente donde se conocieron y otros muchos lugares santos. Muy cerca de Nazaret está el pueblo de Canaá, donde se celebraron las bodas en las que Jesús convirtió el agua en vino… y allí además de lugares santos, se vende un vino bastante curioso.

Junto al mítico mar de Galilea, está la ciudad de Tiberias o Tiberiades. Allí además de poder dar un paseo en barco por el lago con forma de arpa (eso quiere decir Kinereth, su nombre en hebreo). Este pueblecito es encantador y hay un sinfín de pequeños detalles que visitar allí, que no se mencionan en ninguna guía como la vieja barca que pudo pertenecer a los tiempos de Jesús, la iglesia templaria del paseo marítimo o el Hotel Escocés, antiguo hospital de la ciudad. Además en las inmediaciones se encuentra el Monte Tabor, el de la transfiguración que se cuenta en la Biblia, el monte de las Bienaventuranzas, que religiones a parte, es un punto geográfico único que permite que la voz resuene a lo largo de todo el valle. Como si tuviéramos un micrófono. También está el pueblo de Magdala, de donde era María Magdalena y donde se encuentra la nueva Iglesia octogonal de San Pedro, bajo la cual está la antiquísima sinagoga.

Hacia el este tenemos los Altos del Golán. Donde lo más interesante son los viñedos y las bodegas que comienzan a extenderse a lo largo del valle. Y hacia el sur, el Mar Muerto y el desierto de Judea. Deportes, salud, belleza y un paisaje de lo más peculiar. No hay nada que pueda compararse, creo que es lo más impactante de todo el país. Sin mencionar la fortaleza de Massada, una excursión obligatoria y Qumram, donde se encontraron los manuscritos de los esenios.

Por último, Jerusalén, la capital. Allí podemos visitar el fantástico Museo de Israel donde se encuentran guardados los impresionantes rollos del Mar Muerto. Y muchas otras cosas de gran interés para comprender el qué y el porqué de Israel. Hay que visitar La Iglesia de todas las naciones, el Campo de los Olivos, el Jardín de la tumba, si es posible, la Explanada de las Mezuitas, el Muro Kotel u Occidental (que nadie lo llame de las Lamentaciones que es un término muy vejatorio para los israelíes). Al atardecer el sol se refleja en la Cúpula de la Roca y es impresionante. Y el shabad también es un momento intenso. Si hay oportunidad de ver y acceder a los túneles, es algo especialmente recomendado.

El zoco árabe es una locura y los precios tampoco son tan buenos, pero hay que tener humor y regatear mucho. Esto se encuentra en plena ciudad vieja, que además está dividida en cuatro zonas: la judía, la musulmana, la armenia y la cristiana. En las inmediaciones de este maremágnum de puestos, está la Vía Dolorosa, el viacrucis de 14 estaciones que atravesó Jesús hasta llegar al Calvario. Allí está el Santo Sepulcro. Obviamente cualquier parecido con la realidad es ficción, pero es que Santa Elena, la madre del emperador romano Constantino, quiso conservarlo y además darle el estatus que se merece… así que es todo dorado y está convertido en una gran iglesia con cientos de capillas peleadas y discutidas de muy mal modo por todas las religiones del mundo. Pero eso es lo de menos.

Más lejos, la Torre de David, la Iglesia de la dormición, la puerta de Damasco, el consabido Puente de Calatrava, idéntico a todos los demás, la Torre de la ciudad, el Parlamento e incluso, para los más morbosos, el Museo del Holocausto. En Israel hay un mundo entero que visitar y merece la pena reservar tiempo suficiente para hacerlo despacio y con grandes expectativas.

DATOS DE INTERÉS

 

Texto: PALOMA GIL

Fotos: ALBERTO PERAL

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