Un viaje para todos. Israel

 

 

El racimo de uvas de la tierra que mana leche y miel

Dios le dijo a Moisés que mandase algunos hombres a la Canaán para reconocerla. Tendrían que mandar un primogénito varón de cada tribu. Así que Moisés los mandó a todos estos príncipes desde el desierto de Parán con las instrucciones para que siguieran el camino indicado y para tomar buena nota de todo lo que encontraran allí. Incluso les pidió que trajeran algo de representativo del lugar para mostrarlo a los demás.

Así que los príncipes emprendieron el viaje y subieron desde el desierto de Zin hasta Rehob entrando en Hamat, subieron por el sur hasta Hebrón y al fin llegaron hasta el valle de Escol. Allí encontraron algo que llevarle

 

 

 

a Moisés para que se hiciera una idea de lo que había en aquellos territorios. Fue un racimo de uvas tan grande, que al arrancar el sarmiento, tuvieron que colgarlo en un palo y portarlo entre dos. También encontraron granadas, símbolo de la riqueza y la fertilidad e hijos.

Cuarenta días después, volvieron al lugar en el que los esperaba Moisés, con su hermano Aarón y el resto de la congregación y les contaron lo que habían visto con pelos y señales y más aún, les mostraron el inmenso racimo de uvas que traían. Sus palabras fueron “nosotros llegamos a la tierra a la que nos mandaste, de la que ciertamente fluyen leche y miel, y éste es el fruto de ella”.

Se referían a que era abundante en ganado, del cual se obtenía la leche y abundante también en fruta, como los dátiles y los higos de los cuales, mediante un proceso de extracción se conseguía la miel, no era miel de abeja. Pero lo más impactante de la historia fue el racimo de uvas de un tamaño tan descomunal y desmesurado. Tanto que se convirtió en el logo de la oficina de turismo de Israel en el mundo.

 

DATOS DE INTERÉS

 

Texto: PALOMA GIL

Fotos: ALBERTO PERAL

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